El norteamericano Thom Mayne (Waterbury, Connecticut, 1944) es un arquitecto que trabaja sin patrones, pero siempre con la misma actitud: cuestionar lo establecido, sacar los pies del tiesto académico para proponer nuevas soluciones a los nuevos problemas de las ciudades. En Madrid tenemos un ejemplo muy claro. Mayne, que ganó el premio Pritzker en 2005, el llamado Nobel de arquitectura, está a punto de terminar 156 pisos sociales encargados por la Empresa Municipal de la Vivienda para el Ensanche de Carabanchel, junto a la M-40. Siendo un arquitecto acostumbrado a diseñar edificios espectaculares y ultratecnológicos, en su única intervención en España ha optado por aparcar su estilo para construir lo más parecido a un pueblo ecológico inspirado en la estructura de las ciudades árabes.
Revolución no, evolución
«Me gusta hacer una arquitectura especÃfica para cada lugar. En Madrid hemos querido construir una geografÃa que tiene mucho de pueblo español, con sus calles, plazas, patios públicos y privados, jardines, pérgolas con enredaderas y bambú. Hemos utilizado el paisaje del entorno como un material de construcción», explica en una entrevista. «Nosotros sólo hemos diseñado el chasis de la vivienda, las personas que la habiten pondrán su toque personal, de tal manera que ningún piso se parecerá a otro. No creo que mi proyecto suponga una revolución de la tipologÃa de vivienda social, sino una evolución natural en las formas de construir». Sus socios en Madrid son la pareja de arquitectos Begoña DÃaz-Urgorri y León Benacerraf. Los dos trabajaron a principios de los 90 en el prestigioso estudio de Mayne, en Santa Monica, California, la conocida agencia Morphosis, formada por 40 arquitectos y diseñadores.
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